miércoles, 17 de diciembre de 2025

Huelga médica: Hablamos como médicos, pero no solo por nosotros

 Estos días, ante la huelga médica por un estatuto propio, echamos en falta algo que nos duele especialmente:

el apoyo explícito de la ciudadanía, de las asociaciones de pacientes y de otros colectivos que se benefician —cada día— de una atención sanitaria de calidad.


Hablamos como médicos, sí, pero no lo hacemos solo por nosotros.

Reivindicar un estatuto propio no es una cuestión corporativa ni un pulso de poder: es reclamar un marco laboral y profesional acorde con la responsabilidad que asumimos, con la formación que se nos exige y con el impacto directo que nuestro trabajo tiene sobre la vida de las personas.


Sin médicos bien tratados no hay buena medicina.

Sin estabilidad, sin reconocimiento, sin tiempo para atender, pensar y decidir con rigor clínico, la calidad asistencial se resiente. Y eso afecta al paciente, siempre.


Durante la pandemia sentimos el apoyo social en forma de aplausos. Fueron importantes, necesarios y emocionantes.

Pero los aplausos no pueden quedar vacíos si no se traducen después en respeto profesional, condiciones dignas y un sistema que cuide a quienes cuidan.


Durante años hemos sostenido el sistema con sobrecarga, precariedad y silencio.

Ahora levantamos la voz no desde el privilegio, sino desde la responsabilidad.


Por eso nos gustaría sentir que esta reivindicación no camina sola.

La sanidad pública es un bien común y su defensa debería ser compartida.


Cuando los médicos pedimos condiciones dignas, estamos defendiendo una mejor atención para todos.

El silencio, también aquí, es una forma de posicionarse.

Ciudadano, exprésate ahora. 


lunes, 15 de diciembre de 2025

A PROPÓSITO DE MI JUBILACIÓN.

Durante cuarenta años y siete meses he ejercido la profesión de médico. Más de cuatro décadas de dedicación ininterrumpida a una tarea que nunca fue únicamente un empleo, sino una vocación profunda, una forma de estar en el mundo, una brújula que dio sentido a mi vida adulta.


Entré en Medicina con ilusión, con motivación y con la convicción —que entonces me parecía incuestionable— de que el esfuerzo, la formación continua y el compromiso con el paciente eran valores que merecían la pena. 

A lo largo de estas décadas he alcanzado muchos objetivos, probablemente la mayoría de los que me propuse. Casi siempre lo hice a base de sacrificio personal, renuncias familiares y, en no pocas ocasiones, incluso aportando recursos económicos propios para sostener lo que la institución no sostenía.


Pero el camino no estuvo marcado únicamente por las dificultades inherentes a la práctica clínica. 

He sufrido zancadillas. Y no de adversarios externos: de colegas, de compañeros, de los míos. 

He comprobado —con una tristeza que no debería ser necesaria en un entorno profesional— que la envidia es, en demasiados casos, un deporte nacional, y que cuando uno destaca, cuando trabaja, investiga, escribe o se esfuerza más de lo “cómodo” para el entorno, se convierte en objetivo.

No se premia la excelencia: se castiga.


La organización sanitaria a la que he pertenecido durante toda mi vida profesional ha demostrado, de forma reiterada, un desprecio profundo hacia los médicos. Nos ha maltratado con contratos precarios, inestables y humillantes. Ha convertido la promoción profesional en un mecanismo arbitrario, basado no en el mérito ni en el currículo, sino en la cercanía al jefe de turno, en la obediencia acrítica y en la adulación.

Todo es “a dedo”.

El esfuerzo no cuenta.

La trayectoria no importa.

El currículo —construido durante años con trabajo, formación y publicaciones— no vale absolutamente nada.


Los salarios son bajos, indignos de la responsabilidad que asumimos, y se aproximan peligrosamente al salario mínimo interprofesional, lo que supone una desvalorización explícita del médico como profesional altamente cualificado. He visto, con rabia y con impotencia, cómo se vaciaba de contenido el reconocimiento al conocimiento, a la experiencia y a la excelencia clínica. Como si todo diera igual. Como si nada mereciera respeto.


Por todo ello, me he jubilado contento. No porque abandone la Medicina —que sigue formando parte de mí—, sino porque he huido de un ambiente tóxico, injusto y profundamente desagradecido. No he dejado el trabajo: he escapado de un sistema que ya no merecía mi lealtad… ni mi salud mental.


Ahora me siento en paz. Y desde esa serenidad reconozco, con amargura, que tanto esfuerzo, tanto sufrimiento y tanta dedicación al paciente y a los compañeros valieron, institucionalmente, para muy poco. La satisfacción personal por todos aquellos pacientes que conseguí curar o aliviar, y la conciencia tranquila, son quizá el único saldo positivo que queda tras toda una vida de entrega.

Y no es poco.


Aun así, no todo está perdido. Creo —y quiero creer— que los cambios llegan, aunque sean lentos y dolorosos. Que las nuevas generaciones de médicos no aceptarán con la misma resignación lo que nosotros hemos tolerado durante demasiado tiempo. Que exigirán dignidad profesional, reconocimiento real y un sistema basado en el mérito, la transparencia y el respeto.


Yo me retiro con la tranquilidad de haber sido fiel a mis principios y a mis pacientes. Otros continuarán el camino. Y aunque el sistema hoy esté enfermo, también sé —como médico— que toda enfermedad puede mejorar si se reconoce, se afronta y se trata con honestidad.


Espero un cambio. No desde la ingenuidad, sino desde la experiencia. Y confío en que algún día ejercer la Medicina vuelva a ser motivo de orgullo institucional, no solo personal.

Mientras tanto, sigo aquí: libre, en paz y dispuesto a aportar desde otro lugar, con la palabra, con la memoria y con la verdad.


martes, 9 de diciembre de 2025

Discriminación laboral del médico: la gran vergüenza normalizada


Mientras muchas profesiones disfrutan de jornadas regladas, descansos garantizados, horas extra cotizadas y protección laboral real… los médicos seguimos siendo una excepción injusta dentro del sistema.


🔴 Las guardias no computan para la jubilación como deberían.

🔴 Trabajamos 24 horas seguidas sin que siempre se respete un descanso obligatorio real.

🔴 Una hora de guardia médica se paga muy por debajo de otras profesiones con mucha menos responsabilidad vital.


📌 Ejemplos claros:


🔧 Hora de taller mecánico de coches:

— Mano de obra: 35–60 € por hora.

— Jornada regulada.

— Hora extra cotiza.

— Descanso obligatorio por ley.


🩺 Hora de guardia médica en hospital público:

— Entre 15 y 22 € netos por hora, según comunidad autónoma.

— Tras 24 horas seguidas trabajando, muchas veces sin poder librar al día siguiente.

— Con reanimaciones, ictus, politraumatismos, sepsis, errores irreversibles, fallecimientos, agresiones y presión asistencial extrema.

— Y en muchos casos, sin que esa guardia cotice adecuadamente para la jubilación.


🔴 El mecánico repara un motor.

🔴 El médico decide si una persona vive o muere.

🔴 Pero el sistema valora más una hora de tornillos que una hora de vida humana.


No es una crítica a otras profesiones.

Es una denuncia de una desigualdad indecente.


📉 Menos derechos.

📉 Más responsabilidad.

📉 Mayor riesgo.

📉 Peores condiciones.


Luego nos preguntamos por qué hay médicos quemados, jóvenes que se van fuera, plazas que no se cubren y servicios al límite.


📢 Cuidar a quien cuida no es un eslogan. Es una obligación moral y política.


Hasta que esto no se corrija, hablar de “sistema sanitario fuerte” seguirá siendo solo propaganda.

Y podemos hablar de las agresiones a sanitarios: los políticos ofrecen servicios sanitarios para los que no ponen los recursos necesarios. Y de esa gran laguna el que pone la cara ante el usuario es el profesional sanitario. Se juega con la sanidad como instrumento de generar votos prescindiendo de los profesionales. Y el resultado es el caos. 


lunes, 29 de septiembre de 2025

Toreros, los últimos héroes

Una polémica eterna



La tauromaquia nunca ha dejado indiferente a nadie. Para unos es arte, tradición y cultura, para otros es crueldad, barbarie y violencia. Las plazas se llenan de aplausos y pañuelos, mientras las calles se llenan de pancartas y gritos contra la “tortura animal”. En medio de esa batalla, las palabras se convierten en armas: los detractores hablan de “asesinato”, los defensores de “lidia”, “arte” o “ritual”.

El peso de las palabras

Aquí conviene detenerse un momento. Porque más allá de la ideología, el gusto o la sensibilidad personal, las palabras importan. No es lo mismo hablar de un torero como “asesino” que como “matador”. No es lo mismo decir que un toro ha sido “asesinado” que “sacrificado”. La primera expresión pertenece al mundo humano, la segunda al animal.

El asesinato es propio de la muerte humana. Entre personas, sí se asesina.

Pero a un animal no se le asesina: se mata, se sacrifica.

Matadores, no asesinos

Por eso los toreros son matadores de toros, no asesinos.

Como tampoco lo son los cazadores, los carniceros, quienes realizan controles de plagas, o los médicos y veterinarios que investigan en animales para hallar una cura. Incluso los refugios y asociaciones animalistas, cuando no hay otra salida para un animal gravemente enfermo, recurren a la eutanasia. Matar no siempre es un acto cruel; a veces es una necesidad.

Decir que un torero “asesina” es falsear el lenguaje y convertirlo en arma ideológica. Otra cosa, distinta, es debatir sobre la ética de la tauromaquia, que es un debate legítimo. Pero no confundamos los términos: un torero mata al toro, no lo asesina.

El toro bravo: ¿defenderlo o condenarlo?

Aquí conviene recordar algo que los detractores a menudo olvidan: el toro bravo no existiría sin las corridas de toros. Es una especie seleccionada y cuidada durante siglos para un fin cultural y ritual muy concreto. Sin la lidia, el toro bravo sería un animal condenado a desaparecer, como tantos otros que solo perviven porque el hombre los cría y protege.

Decir que queremos “defender al toro” eliminando la tauromaquia es como pretender salvar un barco hundiéndolo para que no sufra tormentas. La paradoja es clara: si no hubiera corridas, no habría toros bravos. Habría vacas de carne, bueyes de establo, pero no ese animal único, criado para el rito y la bravura.

Los héroes modernos

José Saramago lo dijo con contundencia:

“Los toreros son los últimos héroes modernos que nos quedan.”

Y en cierto modo, también lo son los propios toros, criaturas que existen solo porque existe la lidia. En esa dialéctica trágica —hombre y toro, vida y muerte, arte y sacrificio— se mantiene viva una tradición que no se entiende desde la lógica de la producción, sino desde la lógica del símbolo.

👉 Podemos debatir sobre la tauromaquia, sí, pero hagámoslo con precisión, sin manipular el lenguaje ni caer en paradojas. Porque si algo está claro es que el toro bravo, como la propia cultura, vive solo mientras haya quien lo sostenga.

El toro bravo no es un animal de establo ni de granja. Nació para la lidia, para la plaza, para ese instante en que su vida se enfrenta a la muerte.

Muere allí, sí. Pero sin la plaza, sin la lidia, jamás habría nacido.

miércoles, 24 de septiembre de 2025

El Salario Mínimo Vital: entre la justicia social y la picaresca de siempre

 



En España tenemos una habilidad ancestral: convertir cualquier buena idea en un terreno fértil para la picaresca. Y el Salario Mínimo Vital (SMV) no podía ser la excepción.

Nació con una intención noble: garantizar que nadie se quede sin lo básico para vivir. Que ninguna familia, por falta de ingresos, caiga en la indigencia. En teoría, un mecanismo de solidaridad nacional, un colchón social contra la exclusión. Hasta ahí, nada que objetar.

Pero basta con rascar un poco en la realidad —como lo muestra el reciente reportaje sobre el barrio “Los Vikingos” de Córdoba (https://www.antena3.com/programas/espejo-publico/noticias/aqui-trabaja-nadie-come-vital-dentro-barrio-vikingos-cordoba_2025091768cac4eb37083b1b01b569c2.html)— para ver que el SMV también se ha convertido en otra cosa: el modo de vida del caradura. Ese que, pudiendo trabajar, prefiere instalarse cómodamente en la ayuda pública, mientras el resto se levanta cada mañana a sudar por un sueldo que, con suerte, apenas supera lo que él cobra sin mover un dedo.

La escena se repite:

  • Personas en edad laboral perfectamente válidas que declaran “aquí nadie trabaja, vivimos de la vital”.

  • Familias enteras que normalizan la dependencia como si fuera un derecho hereditario.

  • Y un sistema que, lejos de premiar el esfuerzo, acaba castigando al que cotiza y premiando al que esquiva sus responsabilidades.

El problema no es el SMV en sí mismo. El problema es que, en un país donde el trabajo precario campa a sus anchas, donde las inspecciones son laxas y donde se ha cultivado la cultura del atajo, el SMV corre el riesgo de transformarse en un premio a la inacción.

👉 Y aquí entra en juego la eterna paradoja española:

  • Si ayudas demasiado, alimentas al caradura.

  • Si ayudas poco, castigas al vulnerable.

El pobre de verdad, el que no tiene otra salida, queda atrapado en el estigma de ser “un mantenido”, cuando en realidad solo lucha por sobrevivir. Mientras tanto, el listo de siempre convierte la ayuda en su modus vivendi, justificando su inactividad con frases como “para qué trabajar si ya me lo dan hecho”.

Es injusto para todos:

  • Para el trabajador honrado, que ve cómo sus impuestos financian la holgazanería de otros.

  • Para el vulnerable real, que acaba metido en el mismo saco del estigma.

  • Y para la sociedad entera, que perpetúa guetos de dependencia en lugar de abrir puertas a la integración.

La solución no pasa por eliminar el SMV, ni mucho menos. La solución pasa por condicionarlo: formación obligatoria, itinerarios de inserción laboral, control férreo de fraude y temporalidad estricta. Es decir, que el SMV sea lo que debería haber sido desde el principio: un puente hacia la dignidad del trabajo, no una hamaca para la caradura profesional.

Porque al final, lo que duele no es la ayuda al necesitado. Lo que duele es ver cómo el eterno pícaro español, disfrazado de víctima, vuelve a salirse con la suya. Y mientras tanto, el que trabaja, madruga y cotiza se convierte en el tonto útil que sostiene el tinglado.

Quizá sea hora de recordarlo con claridad: la solidaridad es un deber moral y social, la picaresca no. Y si no aprendemos a distinguir entre ambas, corremos el riesgo de convertir el SMV en lo que nunca debió ser: una parodia de justicia social. Además, cuando la brecha entre el SMV y el salario mínimo interprofesional sea cada vez más ajustada, ¡QUIÉN VA A QUERER TRAJAR EN ESTE PAÍS? 

sábado, 13 de septiembre de 2025

Cuando la protesta se vuelve selectiva: doble rasero en la Vuelta Ciclista a España

Resulta desconcertante —y profundamente revelador— que en plena Vuelta Ciclista a España, los manifestantes propalestinos opten por interrumpir un evento deportivo con actos de violencia sin, al mismo tiempo, exigir la liberación de los rehenes israelíes que aún permanecen secuestrados por el grupo terrorista Hamás. Hombres, mujeres y niños que, según múltiples informes internacionales, siguen vivos bajo condiciones de tortura y humillación sistemática.

¿Dónde están las pancartas por ellos? ¿Dónde la compasión selectiva que denuncia el sufrimiento, pero solo cuando encaja con un marco ideológico prediseñado?

🧩 Hay algo profundamente contradictorio en reclamar “derechos humanos” y “paz”, mientras se glorifica o se justifica a organizaciones que practican el terrorismo y que, en la práctica, convierten a su propio pueblo en escudos humanos. El verdadero genocida del pueblo palestino es quien lo utiliza como rehén, como carne de cañón, como herramienta política.

📌 Pero la incongruencia no termina ahí. Tampoco se levantan voces en esas mismas manifestaciones contra el genocidio que Rusia está perpetrando en Ucrania, donde el exterminio sistemático de la identidad, la lengua, los niños deportados y las ciudades borradas del mapa son una realidad reconocida por las principales instituciones internacionales.

🔁 ¿Por qué esta ceguera selectiva? ¿Por qué una causa sí y otra no? ¿Por qué señalar solo cuando conviene? ¿Quién mueve realmente los hilos de estas marionetas de manifestantes?

El deporte debería unir, no ser rehén de narrativas unilaterales. Y si se va a protestar, que sea con coherencia moral y sin hipocresías. Porque cuando se elige quién merece nuestra solidaridad y quién no, lo que se está defendiendo no son los derechos humanos, sino una ideología envuelta en banderas.

¡Que se quiten las caretas y demuestren qué defienden realmente y sobre todo contra quien actúan!.

miércoles, 10 de septiembre de 2025

🚭 El Gobierno aprueba la prohibición de fumar en terrazas y espacios compartidos

El Ejecutivo ha dado luz verde a una nueva restricción: no se podrá fumar en las terrazas de bares ni en espacios públicos compartidos.

La medida se presenta como una defensa de la salud pública, pero abre un debate de fondo:

👉 ¿Hasta dónde llega la protección colectiva y dónde empieza el derecho individual a decidir?

El tabaco, sin duda, es dañino. Pero ya existen leyes que impiden fumar en interiores y en espacios cerrados, precisamente para proteger a quienes no quieren exponerse al humo ajeno. Ahora, la prohibición se extiende también a terrazas al aire libre, donde muchos consideran que el riesgo de exposición es mínimo.

⚖️ Lo que está en juego no es solo el consumo de tabaco, sino el derecho a la libre elección: fumar o no fumar en espacios abiertos, siempre que no afecte a los demás. ¿Debe el Estado imponer la prohibición total, incluso en contextos donde la convivencia ya estaba regulada?

España se encamina hacia un modelo cada vez más restrictivo, donde la voluntad individual queda relegada a un segundo plano frente al intervencionismo político. En Europa no hay parangón de tal restricción a los derechos de las personas.

La cuestión no es si fumar es bueno o malo —eso está claro—, sino si el Gobierno debe decidir cómo y dónde vivir cada elección personal.

jueves, 4 de septiembre de 2025

📰 Opinión | La Vuelta ciclista y el secuestro del deporte

Lo que debía ser una fiesta deportiva seguida en todo el mundo se ha convertido en un escaparate ideológico. La Vuelta a España, emblema del esfuerzo y la superación, ha sido interrumpida por manifestaciones que no eran solo pro-palestinas, sino directamente pro-Hamas, que nada tienen que ver con la solidaridad con el pueblo palestino, blanqueando y dando voz a una organización terrorista que utiliza la violencia como método. Manifestaciones pro-Hamas han empañado, precisamente en las provincias vascongadas, una de las pruebas deportivas más importantes de nuestro país, ESPAÑA.

La Vuelta, que este año solo recorre media España, no puede convertirse en escenario de propaganda ideológica que siembra odio y división. La libertad de expresión no puede confundirse con la apología de un grupo terrorista.

Mientras los ciclistas dan ejemplo de sacrificio, esfuerzo y espíritu de equipo, en las cunetas algunos pretenden imponer un relato que legitima la violencia y divide a nuestra sociedad.

Lo más grave no fueron solo los cortes de etapa o el riesgo para la seguridad de los corredores, sino la reacción del propio director de la carrera, que llegó a invitar al equipo Israel-Premier Tech a marcharse de la competición.

Y entonces surge la pregunta inevitable:

  1. ❓¿Lo hará también con equipos financiados por países árabes sin derechos humanos?
  2. ❓¿O con ciclistas rusos que aún participan bajo distintas banderas, pese a la invasión de Ucrania?

El ciclismo debe unir, no dividir. La neutralidad del deporte no es negociable. Convertir la Vuelta en un campo de batalla ideológico es una traición a la esencia misma del deporte.

⚠️ La UCI (Unión Ciclista Internacional) no puede mirar hacia otro lado. Debe sancionar a la organización por no garantizar seguridad ni neutralidad política, y por permitir que los corredores se vean envueltos en una polémica que nada tiene que ver con el deporte.

España necesita cuidar su imagen internacional y proteger sus eventos deportivos de quienes los usan como escaparate de odio. La Vuelta debe ser deporte, no política sectaria. Aunque sea Difícil evitar esto cuando desde el mismo Gobierno y los partidos secesionistas se proclama la división, el bulo, el odio ante un pensamiento diferente.


👉 La Vuelta pertenece a todos los aficionados, no a un puñado de radicales ni a los intereses políticos del momento.

👉 El deporte debe ser deporte. Y nada más.

📢 #LaVuelta #NoAlSectarismo #DeporteEsDeporte

viernes, 29 de agosto de 2025

📰 Opinión | “España va como un cohete”… ¿hacia dónde?

Pedro Sánchez repite que España “va como un cohete”. Una metáfora que pretende transmitir fuerza y velocidad, pero que contrasta con un país que vive su mayor deterioro en décadas: inseguridad, paro, corrupción, servicios públicos en caída libre y fractura territorial.

Incendios: la excusa del clima y la realidad de la dejadez

Este verano, España vuelve a arder. La mayoría de incendios tienen origen humano, muchos provocados, pero desde Moncloa la explicación oficial se limita a culpar al cambio climático. Mientras tanto, la respuesta del Gobierno llega tarde, mal y sin coordinación, dejando a comunidades enteras a merced de las llamas y a los ciudadanos con la amarga sensación de abandono institucional.

Corrupción en el corazón del poder

La corrupción ya no es una amenaza externa: se ha instalado en el núcleo mismo del Gobierno y de los partidos que aún lo sostienen. La regeneración política tantas veces prometida es hoy un espejismo, sustituida por pactos de conveniencia y silencios cómplices.

El lastre territorial: Cataluña y País Vasco

El Ejecutivo sigue sustentándose en partidos que, lejos de querer construir España, trabajan día a día para debilitarla. Cataluña y el País Vasco, gobernados por formaciones abiertamente secesionistas, se han convertido en un lastre político: regiones cuyos representantes no quieren ser españoles, frente a ciudadanías que en gran parte sí se sienten españolas pero que ven cómo sus votos acaban apuntalando proyectos de ruptura. La paradoja es amarga: quienes quieren desmembrar España son premiados con más privilegios y más poder.

Carreteras, sanidad, educación: los síntomas del declive

Los datos hablan por sí solos. El paro juvenil es el segundo más alto de la UE, la sanidad pública se desangra con listas de espera interminables, la educación retrocede en todos los indicadores internacionales y la red viaria se encuentra en el peor estado de conservación en décadas. Hoy mismo, en plena operación retorno, 5 millones de españoles viajan por carreteras inseguras y trenes deteriorados, símbolo perfecto de un país que pierde velocidad mientras sus dirigentes proclaman negligentemente lo contrario.

Un cohete sin rumbo

¿Va España como un cohete? Quizá sí… pero uno averiado, sin rumbo y sostenido por alianzas que la empujan hacia la fragmentación y el declive.

España no necesita falsa propaganda ni excusas. Necesita políticos que no delincan, liderazgo de Estado, responsabilidad y soluciones reales. Y las necesita ya.

domingo, 17 de agosto de 2025

🐿️ Cuentos del Bosque Encantado. Capítulo 4 – Don Perico y la caída del Gran Oso

El bosque había conocido tiempos de calma con Papá Oso, pero bajo la corteza de esa tranquilidad, las cosas no iban bien.

En su consejo se habían colado animalillos que, al principio discretos, empezaron a llevarse bellotas de la despensa, a aceptar comisiones en avellanas por mover troncos de un lado a otro, o a “perder” miel por el camino a la colmena.

El zorro “Periquito”, que ahora era un zorro adulto y muy astuto, observaba todo.

Ya no era el joven inexperto que conocimos en el Capítulo 2: ahora todos lo llamaban Don Perico.

Había aprendido a tejer alianzas y a elegir a los amigos correctos… o los más peligrosos.

Don Perico se fue ganando el favor de los animales más granujas del bosque: la serpiente de la charca, el mapache de las provisiones y la urraca que sabía abrir cualquier cofre de bellotas.

Entre todos, planearon un movimiento para derrocar al Gran Oso.

—Papá Oso está dormido, y el bosque necesita otra cosa —susurró Don Perico al consejo.

—¿Otra cosa… o tus cosas? —preguntó la liebre.

El zorro solo sonrió.

En pocos meses, rumores y quejas crecieron como zarzas.

Cuando Papá Oso quiso reaccionar, la red de Don Perico ya había ganado a la mayoría.

Con discursos ágiles y promesas para cada especie, el zorro consiguió lo que se proponía: sentarse en el tronco de mando del bosque.

Papá Oso, derrotado, volvió a su cueva, mientras Don Perico celebraba con sus nuevos aliados.

El cambio fue tan sonado que los animales compusieron una nueva canción ligera y pícara, que aún hoy se canta para recordar cómo un zorro paciente puede esperar su momento… y tomarlo.


🎵 La canción del Bosque – Don Perico

En el consejo sonaba un rumor,

bellotas que faltan, comisiones sin pudor.

El zorro miraba, callado y formal,

pero en su cabeza ya había un plan.

Con la serpiente, con el mapache,

y la urraca que abre cualquier estuche,

Don Perico tejía su red,

y al viejo Oso le quitó el poder.

Promesas rápidas, sonrisa veloz,

todos pensaban: “Este sí es feroz”.

Y así en el tronco, el zorro quedó,

mientras Papá Oso la cueva tomó.

Moraleja cantada:

A veces el tiempo es la mejor arma,

esperar, tejer, y dar la alarma.

Que el bosque recuerde que el más paciente

puede ser el cambio… o el presidente.

viernes, 15 de agosto de 2025

Cuentos del Bosque Encantado. 🐻 Capítulo 3 – El Gran Papá Oso

Tras los años de Bambi, el bosque estaba exhausto.

Había troncos decorativos en lugares inútiles, charcas ornamentales sin agua y senderos que no llevaban a ninguna parte.

Las raciones se habían reducido, las pensiones en bellotas se habían congelado y, aunque muchos recordaban con alegría que bajo su mandato se permitió la unión de animales del mismo sexo, la despensa y las cuentas estaban en ruinas.

Fue entonces cuando apareció Papá Oso.

Grande, corpulento y de paso lento, prometía calma y “saneamiento” para el bosque.

—Yo pondré orden en todo esto —decía, con su voz grave y pausada.

Al principio, el bosque respiró aliviado.

Los derroches desaparecieron y la economía dejó de hundirse, pero pronto quedó claro que, más allá de evitar nuevos problemas, Papá Oso no traía muchas soluciones.

Sus discursos eran largos y solemnes, con muchas pausas…

pero cuando terminaba, los animales se miraban entre sí, preguntándose qué había querido decir.

—Creo que habló de hojas secas… ¿o era de almacenar miel? —susurraba la ardilla.

A pesar de todo, Papá Oso fue reelegido.

Después de Bambi, muchos animales pensaron que “mejor poco que nada”.


Con el tiempo, la historia de Papá Oso se convirtió en una canción lenta y pausada, con tantas pausas como palabras, para que el bosque recordara que la calma sin dirección no siempre es la solución.


🎵 La canción del Bosque – Papá Oso

Tras Bambi llegó, con paso pesado,

Papá Oso al mando, tranquilo y calmado.

Prometió cuentas claras, control y razón,

pero el bosque esperaba un poco más de acción.

Los troncos de adorno seguían allí,

las charcas vacías, los caminos sin fin.

La unión de parejas fue cosa de ayer,

logro de Bambi, que todos sabían bien.

Hablaba despacio, miraba al sol,

y todos pensaban: “Esto suena a rol…

pero ¿qué ha dicho? ¿qué va a pasar?

¿O solo quiere el tiempo gastar?”

Moraleja cantada:

Tras el derroche, la calma es un bien,

pero si no hay avance, poco sostiene.

Que el bosque necesita más que reposar,

precisa un rumbo para prosperar.

miércoles, 13 de agosto de 2025

🦊 Cuentos del Bosque Encantado. Capítulo 2 – El Zorrito periquito

En el mismo bosque donde Bambi sonreía y el gran oso se rascaba la barriga, vivía un joven zorro.

Aún era un zorrito, de pelaje lustroso y mirada vivaz, pero con más ambición que experiencia.

Soñaba con ser el líder del bosque algún día,

y para lograrlo había decidido aprender el arte de prometer.

El zorrito observaba a todos los animales:

los fuertes, los débiles, los astutos y… también los más granujas.

Con todos se aliaba si veía que podía sacar algún beneficio.

A Bambi, el actual representante, no le caía demasiado bien el zorrito.

—Tiene demasiada labia y poca cabeza —murmuraba a sus allegados—.

Hoy promete ayudar a la ardilla, mañana se junta con la serpiente, pasado con el mapache que roba comida.

Así no se puede dirigir un bosque.

Pero el zorrito no se detenía.

Visitaba la madriguera de la liebre y le prometía más hierba.

Al tejón le decía que conseguiría un tronco más grande para su guarida.

A la urraca, joyas brillantes.

A todos algo.

Y, curiosamente, nunca decía “no” a nadie.

Con el tiempo, las promesas del zorrito se hicieron tan numerosas que el bosque entero hablaba de ellas.

Algunos reían, otros le creían, y otros tantos solo se dejaban llevar por su entusiasmo.

Pronto, su fama creció tanto que, como pasó con Bambi, los animales pusieron la historia en canción,

para recordar que un líder no es el que más promete, sino el que más cumple.


🎵 La canción del Bosque – El Zorro de las promesas 🎵

En el bosque vivía un zorrito audaz,

con mil promesas, y un plan fugaz.

Quería el poder, quería mandar,

y a todos los bichos sabía engañar.

Si eras ardilla, te daba avellanas,

si eras urraca, joyas tempranas.

Si eras tejón, un tronco mejor,

y a la serpiente… un pacto mejor.

Bambi lo miraba con cierto recelo:

—No hay rumbo fijo, ni un buen anhelo.

Hoy con la liebre, mañana el mapache…

así no se lleva un bosque a buen cauce.

Pero el zorro, joven y astuto,

seguía corriendo con paso seguro.

Se aliaba con todos, sin distinción,

lo mismo el honrado que el bribón.

No basta prometer para gobernar,

cumplir lo pactado es lo que da lugar.

Que el líder que miente y busca atajos

deja al bosque lleno… pero de jaramagos.

Y así, entre sonrisas, promesas y alianzas imposibles,

el joven zorrito fue ganándose un apodo en cada rincón del bosque.

Algunos lo llamaban astuto, otros oportunista…

pero para la mayoría de los animales,

era simplemente “Periquito, el astuto zorrito”.

Cuentos del Bosque Encantado Capítulo 1 – Bambi, el líder por sonrisa

Había una vez, en un bosque frondoso y apacible, un lindo cervatillo llamado Bambi.

Bambi era simpático, siempre sonreía y tenía una mirada tan dulce que hasta el búho más cascarrabias del bosque suspiraba al verlo pasar.

No corría muy rápido, no sabía encontrar comida para todos ni conocía bien los caminos, pero… era adorable. Y eso, en el bosque, contaba mucho.

🌳 El consejo de los animales

Cada año, los animales se reunían para elegir a quien dirigiría el destino del bosque:

asegurar que hubiera agua en los riachuelos, comida en las praderas y seguridad ante los depredadores.

Ese año, la asamblea estaba dividida. El zorro proponía a uno de los ciervos más sabios, pero el oso y el tejón tenían otra idea:

—Necesitamos a alguien que todos quieran, no importa si sabe o no —dijo el oso.

—Sí —añadió el tejón—, alguien manejable, que no discuta y que se deje aconsejar.


🦌 El elegido

Fue entonces cuando, entre los arbustos, apareció Bambi, trotando con torpeza, sonriendo como si nada malo pudiera ocurrir.

Su ingenuidad era tan evidente que hasta el lobo dejó escapar una risa.

—¡Perfecto! —dijo el zorro con sorna—. Este convencerá a todos de que todo irá bien… aunque no sepamos cómo.

La campaña fue un éxito.

Bambi recorría el bosque prometiendo flores para las abejas, charcos eternos para las ranas y pasto fresco para las vacas.

Con su voz suave y su risa encantadora, ganó las elecciones sin que nadie preguntara cómo lo haría.


🌪️ El despertar

Pasaron las estaciones y el bosque empezó a cambiar… para peor.

  1. Los riachuelos se secaron porque nadie construyó nuevos diques.
  2. Las praderas se llenaron de maleza.
  3. Los depredadores entraban y salían sin control.

Bambi, mientras tanto, se dedicaba a inaugurar charcas imaginarias, hacerse fotos con ardillas y dar discursos sobre lo hermoso que era vivir en el bosque… aunque el hambre apretara.


🧩 Moraleja

El bosque había elegido a su líder no por su capacidad, sino por su cara amable.

Y pronto aprendieron que la simpatía no alimenta, la sonrisa no protege y la ingenuidad, cuando gobierna, se convierte en desastre.

En la próxima asamblea, los animales prometieron recordar una lección muy simple:

mejor un líder que sepa guiar que un bobalicón que se deje guiar por otros.

Y así fue como, entre risas y desengaños, el bosque aprendió una lección amarga.

Para que nadie la olvidara, los animales compusieron una canción sencilla y pegadiza,

una fábula cantada que, con humor y rima, recordaba a todos lo ocurrido aquel año.

Cada vez que alguien pensaba en votar solo por simpatía, esta melodía resonaba entre las ramas…

🎵 La canción del Bosque a Bambi, el líder por sonrisa 🎵

En un bosque frondoso, con luz y verdor,

vivía un cervatillo de tierno candor.

Bambi era su nombre, y al amanecer

su risa era todo lo que había que ver.

Saltaba y corría, sin rumbo quizás,

miraba a los otros y les saludaba en paz.

No era veloz, ni era el más sagaz,

pero su sonrisa… ¡valía por demás!

Un día los sabios del bosque se unieron:

“¿Quién guiará el bosque?”, todos se preguntaron.

El zorro astutísimo y el oso grandón

buscaron al más dócil, sin mucha razón.

Y Bambi llegó, radiante y gentil,

sin planes concretos, pero de perfil

era el más amable, el más popular,

y todos pensaron: “¡Él nos va a guiar!”

Bambi aceptó, sin saber del todo

que guiar un bosque no es solo dar modo

de posar sonriente y decir “¡Qué bonito!”,

sino hacer que el lago esté limpio y fresquito.

Pasaron las lunas, y el bosque cambió:

el pasto escasea, el río menguó.

Bambi seguía con su sonreír,

pero nadie sabía ya cómo vivir.

El zorro y el oso, detrás de un arbusto,

manejaban todo a su propio gusto.

Y el bosque entendió, con amarga certeza:

no basta la gracia, se precisa destreza.

Moraleja (en coro):

A veces la cara más dulce y sincera

no es la que sabe cómo se lidera.

Elige al que pueda cuidar tu sendero,

no al que prometa sin rumbo certero.



viernes, 8 de agosto de 2025

⚖️ Turull, Puigdemont y la burla a la justicia: cuando la impunidad se convierte en programa político

Cuando hoy se cumple un año del bochornoso espectáculo consentido de magia que protagonizó el prófugo de la justicia Carles Puigdemont, El secretario general de Junts per Catalunya, Jordi Turull, no solo ha conmemorado la fuga de Carles Puigdemont: lo ha hecho riéndose de los jueces del Tribunal Supremo.

“Se quedaron con un palmo de narices”, ha dicho con tono de victoria.

Pero detrás de esta mofa hay algo mucho más profundo y grave: la normalización de la impunidad como estrategia política.


🛑 De condenados a indultados: la impunidad como moneda de cambio

No olvidemos que Turull y otros líderes independentistas fueron condenados por el Tribunal Supremo por delitos de sedición y malversación.

Cumplían condena… hasta que Pedro Sánchez los indultó en un movimiento puramente político para asegurarse el apoyo parlamentario que le permite seguir en La Moncloa.

  1. No hubo arrepentimiento.
  2. No hubo garantías de no reincidencia.
  3. Sí hubo un claro mensaje: “La ley es negociable si me conviene políticamente”.

Este patrón de premiar a quien vulnera la ley a cambio de votos es propio de regímenes populistas de corte bolivariano, no de una democracia consolidada.


🎯 Adoctrinamiento y control social

Turull, Puigdemont y compañía se amparan en el discurso de la independencia para justificar cualquier atropello legal y ético.

Saben que tienen una base social sólida, en gran parte adoctrinada desde las aulas durante décadas gracias a un control total de la educación y los medios públicos en Cataluña.

El objetivo no es solo la independencia: es controlar un territorio y a su población mediante un relato único, sin fisuras ni disidencia interna.


💸 ¿Un país llamado Cataluña? La receta del fracaso

Quien idealice un hipotético “Estado catalán” gobernado por estos líderes debería mirar su historial:

  1. Malversación de fondos públicos para financiar su agenda política y personal.
  2. Clientelismo y nepotismo como norma.
  3. Prioridad absoluta al proyecto secesionista, ignorando sanidad, educación, infraestructuras y economía real.

El resultado sería una Cataluña sin prosperidad, con servicios públicos degradados y una economía hipotecada al sectarismo político.


🧩 Conclusión: la huida no es valentía, es cobardía con chófer

Cuando Turull se ríe de los jueces, no es humor: es un aviso.

Nos recuerda que la justicia en España ha sido utilizada como moneda de cambio y que hay líderes que viven mejor fuera de la ley que dentro de ella.

Y mientras tanto, quienes deberían garantizar el Estado de derecho prefieren mirar hacia otro lado si así mantienen el sillón.