Y la esperanzada espera tuvo su recompensa.
Tras un fulgor que nadie supo explicar,
el sepulcro quedó vacío…
y la vida venció a la muerte.
Ya no hay silencio.
Ya no hay sombra.
Lo que parecía final
era solo el umbral de lo eterno.
La piedra no solo se apartó del sepulcro,
también del corazón del hombre.
Y entonces resuena aquella pregunta antigua,
la de Nicodemo, que sigue siendo la nuestra:
“¿Cómo puede un hombre nacer cuando ya es viejo?”
Hoy tenemos la respuesta.
Se puede.
Se nace de nuevo cuando la esperanza regresa,
cuando la luz irrumpe donde todo parecía perdido,
cuando la vida —contra toda lógica—
se abre paso.
Domingo de Resurrección.
No es solo un triunfo…
es un comienzo.
Porque quien ha visto la oscuridad
y ha esperado…
sabe que la luz, cuando llega,
ya no se apaga.


Hoy el tiempo se detiene.
En este rincón del hogar, donde el silencio se hace oración,