viernes, 15 de mayo de 2026

La Andalucía que quiero tras el 17-My

 pocas horas de dar el aldabonazo final de la campaña electoral andaluza, permitidme esta reflexión que permita madurar el voto mañana sábado.

 A partir del 17-My, más que promesas, discursos o bloques ideológicos, muchos ciudadanos solo desean algo sencillo y profundamente difícil: humanidad y sentido común.


No pido políticos partidistas.
Pido políticos humanistas.


Personas capaces de mirar más allá de las siglas, del cálculo electoral o del siguiente titular. Que no piensen primero en su sillón, en su carrera o en la supervivencia de su partido, sino en el ciudadano real: en quien tiene mucho y en quien tiene poco; en quien triunfa y en quien apenas consigue mantenerse a flote.


Andalucía no necesita una guerra permanente entre ricos y pobres, entre unos y otros, entre bandos irreconciliables. Necesita sensatez. Necesita una política que comprenda que la prosperidad de una sociedad no nace del enfrentamiento, sino de la creación de oportunidades.


Ayudar no es repartir subvenciones sin rumbo ni fabricar dependencia.
Ayudar es dar herramientas.
Es permitir que cada persona pueda labrar su propio futuro con dignidad.
Es evitar que nadie quede abandonado, pero también impedir que el esfuerzo pierda valor.


Porque la igualdad mal entendida puede terminar siendo injusta. No todos somos iguales, nunca lo hemos sido ni lo seremos: hay capacidades distintas, talentos distintos, circunstancias distintas y también sacrificios distintos. Pero precisamente por eso debe existir la equidad: una sociedad que permita que cada persona pueda desarrollar al máximo sus capacidades, venga de donde venga.


Que nadie quede atrás (pero de verdad)
Pero tampoco que nadie sea castigado por esforzarse.


Quiero una Andalucía donde el mérito vuelva a tener sentido. Donde trabajar, emprender, estudiar o crear no sea visto con sospecha. Donde la solidaridad no consista en cronificar la dependencia, sino en ayudar a levantarse.


Y, sobre todo, quiero políticos que recuerden algo esencial: gobernar no debería ser conquistar poder sobre la sociedad, sino servirla.


Eso, quizá, sería el verdadero progreso.



martes, 5 de mayo de 2026

“Freír a impuestos a los ricos: ¿paradigma político o ignorancia sobre quién genera la riqueza?”


En el primer debate de la campaña electoral de Andalucía 2026, un líder de la izquierda soltó una frase que no pasó desapercibida:

“hay que freír a impuestos a los ricos”.

Más allá del titular fácil, la frase abre un debate de fondo que rara vez se aborda con calma:
¿quién genera la riqueza… y quién decide cómo se reparte?


Antes de repartir, alguien tiene que producir

Aquí hay una realidad bastante simple, aunque incómoda para algunos discursos:
si no se genera riqueza, no hay nada que repartir.

El Estado del bienestar —sanidad, educación, pensiones— no se financia solo. Sale de:

  • empresas que funcionan
  • gente que trabaja
  • beneficios que tributan
  • consumo que genera impuestos

Es decir, de actividad económica real.

Por eso, más allá de etiquetas, hay un hecho:
los que más generan también son los que más sostienen el sistema… al menos en términos fiscales.


La objeción que cualquiera entiende (y que no es ninguna tontería)

Ahora bien, en casa, en la calle, o como me decía mi hijo “gen. Z”:

“Papá, es que los ricos ganan más de lo que deberían. Si bajaran precios, la gente viviría mejor.”

Y no es un argumento absurdo.

Si una gran superficie alimentaria bajara márgenes, muchos pagarían menos por comer.
Si la luz o el combustible costaran menos, el impacto sería inmediato.

Pero aquí la cosa se complica un poco:

  • Los precios no dependen solo de “lo que quiera ganar el empresario”.
  • Hay costes (energía, logística, salarios) que no son negociables.
  • Y si reduces demasiado los beneficios, puedes frenar inversión, empleo o crecimiento.

Es decir: no siempre ganar menos significa automáticamente que todos vivan mejor.


Pero ojo: no todos los ricos son iguales

Y aquí viene una parte importante del debate, que tu hijo también señala bien:
hay sectores que generan más rechazo que otros.

🏦 La banca

Tras la Crisis financiera de 2008, mucha gente se quedó con la sensación de que:

  • cuando hay problemas, paga el sistema
  • cuando hay beneficios, se los quedan ellos

Y eso deja huella.

⚡ Energéticas y petroleras

Empresas como Iberdrola o Repsol operan en algo básico: luz y combustible.

Ahí el debate es más sensible porque:

  • son servicios esenciales
  • funcionan en mercados muy regulados
  • y a veces ganan más justo cuando peor lo pasa la gente

De ahí esa sensación de que “se están aprovechando”.


Entonces, ¿el problema es el rico… o el sistema?

Quizá la pregunta no es si hay que “freír a impuestos” a nadie.

La pregunta buena es otra:

  • ¿Se está generando riqueza en condiciones justas?
  • ¿Hay competencia real o posiciones privilegiadas?
  • ¿Estamos hablando de mérito… o de ventaja estructural?

Porque no es lo mismo:

  • un empresario que compite en un mercado abierto
  • que una gran compañía en un sector donde casi no hay alternativa


El debate serio no va de odiar o defender a los ricos.

Va de entender tres cosas básicas:

  • sin riqueza no hay redistribución
  • sin control, la riqueza se concentra
  • sin reglas claras, algunos juegan con ventaja

Y ahí está el equilibrio difícil, el que nadie termina de resolver del todo.

Porque al final, más que “freír a impuestos”, lo que toca es algo bastante más complicado:

hacer que el sistema funcione sin romper lo que lo sostiene.

Pero para eso habrá que esperar a que la generación Z llegue a la política. 

domingo, 3 de mayo de 2026

MADRE: NOMBRE PROPIO, RESPONSABILIDAD UNIVERSAL

Hay palabras que no necesitan definición.

“Madre” es una de ellas.


Hoy, en el Día de la Madre, la sociedad se detiene —aunque sea brevemente— para reconocer una de las funciones más complejas, exigentes y, a menudo, invisibles: la maternidad. No es solo un vínculo biológico. Es una construcción diaria hecha de renuncias silenciosas, decisiones difíciles y una constancia que no admite descanso.


Ser madre no es únicamente dar la vida. Es sostenerla.


Es velar cuando otros duermen. Es educar cuando resulta incómodo. Es poner límites cuando es necesario, aunque duela. Es formar personas en un mundo que, con frecuencia, no ayuda. La maternidad, cuando se ejerce con responsabilidad, es una de las columnas sobre las que se sostiene cualquier sociedad que aspire a algo más que la mera supervivencia.


Por eso hoy corresponde el reconocimiento. Sin matices. Sin reservas.
A las madres que están. A las que estuvieron. A las que siguen incluso cuando ya no pueden.


Pero sería incompleto —y poco honesto— detenerse ahí.


Porque también existen maternidades ausentes.
Madres que delegan lo indelegable. Que renuncian a educar, a acompañar, a ejercer ese papel insustituible que no puede cubrir ninguna institución, ninguna pantalla, ningún sistema.


No se trata de señalar con dureza gratuita, sino de recordar una evidencia: la maternidad no es solo un derecho, es una responsabilidad. Y cuando esa responsabilidad se abandona, las consecuencias no son abstractas. Se encarnan en hijos desorientados, en carencias afectivas, en fracturas que luego la sociedad intenta —con dificultad— recomponer.


Por eso, este día también debe ser una invitación.


A volver.
A implicarse.
A ejercer.


A comprender que ser madre no exige perfección, pero sí presencia. No requiere heroicidad constante, pero sí compromiso real. Siempre hay margen para rectificar, para acercarse, para reconstruir vínculos que nunca debieron romperse.


Porque al final, más allá de cualquier discurso, hay una verdad simple:


Una madre puede cambiar el destino de una vida.
Y, en extensión, el de toda una sociedad.


Feliz Día de la Madre.
A las que lo son plenamente…
y a las que aún están a tiempo de serlo.


martes, 28 de abril de 2026

Mayo en Córdoba

En Córdoba, mayo no cabe en un calendario.

Se desborda.


Empieza con el vino —como deben empezar las cosas serias—
y, casi sin darte cuenta, la ciudad florece:
Cruces en cada esquina,
Patios —Patrimonio de la Humanidad— abiertos como un secreto compartido,
y la vida en la calle, sin prisa y sin disculpas.


La Mezquita-Catedral, latido eterno de piedra y luz;
el Centro Histórico, donde cada paso pisa siglos;
los Patios, que no se miran, se viven;
y la Fiesta de los Patios, que convierte lo íntimo en universal.


Cuatro patrimonios
que aquí forman parte de lo cotidiano.


Y después, avanzado mayo, llega la feria,
que empezó siendo de ganado
y aún conserva algo de trato, de encuentro y de verdad.


Tiene su lado mundano:
luces, atracciones, cacharritos y esa infancia que gira sin marearse. Sin olvidar a la muñeca pepona que permanece inalterable con los años. 


Y tiene su otro lado,
el de las casetas,
donde aún suenan sevillanas —cada vez menos, dicen—
mezcladas con música que no estaba invitada,
pero se ha quedado.


Allí se baila, sí,
pero sobre todo se habla:
se recuperan conversaciones aplazadas,
se dicen —de una copa a otra—
todas esas cosas que el año va dejando a medias.


Probablemente Córdoba es la ciudad que nunca se olvida,
incluso se recuerda sin haber estado nunca en ella,
como dijo el poeta.


Córdoba, susurrada por el río Guadalquivir,
para que nunca deje de escuchar el murmullo del agua
que riega sus flores.


Córdoba, resguardada por su sierra,
baja y cercana, de retamas y lentiscos,
de tomillo y romero que perfuman el aire
cuando el día se apaga.


Córdoba, donde la luz se queda un poco más,
como si también ella quisiera vivir mayo.


Y por encima de todo,
vigilante y paciente,
nuestro custodio: San Rafael,
intentando poner cordura
donde solo hay ganas de vivir.


Entre copa y copa, alguien menciona al hepatocito,
esa discreta célula del hígado que todo lo soporta…
pero hay advertencias de salud
que se aplazan voluntariamente,
como quien le concede al cuerpo una tregua,
lejos de la disciplina que nos imponemos el resto del año.


Porque este mes no se explica.
Se vive…
y siempre se queda.


Mayo en Córdoba no pasa: deja huella.



¡Feliz mes de mayo 2026, cordobeses y visitantes!.