En tiempos de crisis, el miedo es más útil que la esperanza. Y pocos discursos funcionan mejor en la política española actual que este:
“¡Que viene la derecha!”
No importa lo que ocurra, lo que se firme, lo que se robe o se oculte. Siempre hay un recurso disponible para distraer al votante: señalar al enemigo eterno, al ogro ideológico, al apocalipsis conservador.
🪤 Un recurso viejo… pero eficaz
Este tipo de mensaje no es nuevo. Se ha usado desde hace décadas por partidos que, ante su desgaste, en lugar de rendir cuentas, optan por agitar fantasmas.
No se debate sobre gestión, ni sobre resultados. Se construye un relato de “resistencia heroica” contra el regreso de la caverna.
Y así, una simple crítica al poder se convierte mágicamente en “una amenaza democrática”.
El resultado es claro:
- Se evita el examen propio.
- Se moviliza a los fieles a través del miedo.
- Se neutraliza la autocrítica.
- Se justifica lo injustificable con la frase:
- “Sí, pero es que si no gobernamos nosotros, viene la derecha”.
🔍 ¿Qué se está tapando con este discurso?
Mientras se repite esa advertencia, la realidad se descompone:
- Corrupción encubierta o normalizada.
- Falta de transparencia.
- Cesiones políticas a cambio de poder.
- Una juventud sin casa, sin hijos, sin rumbo.
- Una justicia bloqueada, una economía frágil, un país polarizado.
Y todo eso se ignora si el foco está puesto en el enemigo que viene… pero que nunca termina de llegar.
🧠 El miedo funciona… hasta que deja de funcionar
Gobernar con miedo puede mantenerte en el poder un tiempo, pero no mejora la vida de nadie.
Tarde o temprano, la gente se da cuenta de que no come con discursos, ni se cura con alertas ideológicas, ni encuentra piso con pancartas del “No pasarán”.
Y cuando eso ocurre, el miedo se vuelve contra quien lo alimentó. Porque lo único peor que un ogro inventado es un pueblo harto.
⚖️ Una democracia adulta necesita ciudadanos valientes
La derecha existe. La izquierda también. Y es bueno que así sea. Lo que no es sano es usar su mera existencia como arma de chantaje electoral permanente.
No se puede vivir en un estado de alarma ideológico continuo.
No somos niños, ni fanáticos. Somos ciudadanos. Y exigimos algo más que relatos de miedo: exigimos soluciones.

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