domingo, 27 de julio de 2025

💸 Dinero público, opinión domesticada: la prensa, los sindicatos y los intelectuales subvencionados


En teoría, una prensa libre, unos sindicatos fuertes y una intelectualidad crítica son pilares fundamentales de una democracia saludable. En la práctica, cuando esos tres actores dependen económicamente del poder al que deberían fiscalizar, dejan de ser contrapesos… y se convierten en coros de fondo.

Mientras miles de ciudadanos sufren listas de espera, salarios bajos y abandono institucional, millones de euros públicos riegan medios de comunicación, estructuras sindicales y fundaciones culturales afines. El resultado:

silencio. obediencia. servidumbre financiada.


📰 Medios de comunicación: subvención a cambio de sumisión

En los últimos años, el Gobierno central y varios autonómicos han repartido millones de euros en concepto de publicidad institucional, convenios informativos y “fomento del pluralismo”.

Pero no se premia la pluralidad ni la crítica. Se premia la lealtad editorial.

  1. Muchos medios afines reciben fondos públicos mientras despiden periodistas.
  2. Las líneas editoriales se pliegan al relato del poder.
  3. Lo que debería ser información se convierte en propaganda camuflada.

El ciudadano, sin saberlo, financia titulares que blanquean al poder con su propio dinero.


🤐 Sindicatos: de la calle al despacho… y del despacho al silencio

Los sindicatos mayoritarios (UGT y CCOO), antaño ruidosos e influyentes, han optado por una pasividad llamativa ante los grandes problemas sociales del presente: precariedad juvenil, caos sanitario, inflación, vivienda inaccesible.

¿Y por qué? Basta con seguir el rastro del dinero:

  1. Las subvenciones a sindicatos se han incrementado notablemente en los últimos años.
  2. Las estructuras sindicales viven hoy en gran parte de fondos públicos, no de cuotas de afiliados.
  3. A cambio, no hay movilizaciones masivas, ni paros generales, ni huelgas en defensa del ciudadano medio.

La ecuación es fácil: si callas, cobras. Si gritas, desapareces del reparto.


🎓 Intelectuales: del pensamiento crítico al boletín oficial

En tiempos de inestabilidad política, se esperaría que la intelectualidad española actuara como conciencia social.

Pero lo que hemos visto recientemente es una oleada de adhesiones públicas a Pedro Sánchez por parte de escritores, artistas, cineastas y académicos, muchos de ellos vinculados directa o indirectamente a proyectos, festivales y fundaciones subvencionadas por el Estado.

No se trata de que no puedan tener opinión política —por supuesto que sí—, sino de preguntarnos:

¿cuántas de esas opiniones estarían dispuestas a perder su subvención por criticar al poder?

La cultura crítica ha dado paso a la cultura subvencionada.

Y el pensamiento libre, a la firma cómoda en la carta del día.


⚠️ Cuando el Estado compra la crítica, se apaga la democracia

Medios, sindicatos e intelectuales deben estar al servicio de la sociedad, no del Gobierno.

Cuando dependen del poder, no lo vigilan: lo decoran.

El problema no es solo ético. Es estructural.

Una democracia sin crítica real, sin prensa libre, sin sindicatos combativos y sin intelectuales incómodos es una democracia que finge serlo.


✅ ¿Qué se debería exigir?

  1. Transparencia total en todas las subvenciones públicas a medios, sindicatos y entidades culturales.
  2. Control y auditoría externa de los criterios de reparto.
  3. Independencia real entre poder político y estructuras sociales.
  4. Una sociedad civil vigilante, que no aplauda al que recibe, sino al que se atreve a hablar cuando todos callan.

🧩 Conclusiones: cuando todos callan, algo huele a subvención

La democracia necesita ruido, incomodidad y crítica.

Cuando todos callan —los medios, los sindicatos, los intelectuales—, no estamos en una sociedad pacífica, sino anestesiada.

La subvención no es mala en sí misma. Puede fortalecer lo público, lo cultural, lo social.

El problema empieza cuando se convierte en un instrumento de fidelización ideológica y silencio comprado.

Hoy, muchos de los que deberían fiscalizar al poder dependen económicamente de él. Y no hay crítica que sobreviva a esa dependencia.

España no necesita más pancartas oficialistas ni artículos de opinión obedientes.

Necesita prensa valiente, sindicatos útiles e intelectuales incómodos, aunque eso moleste… o precisamente por eso.

Porque si los únicos que pueden hablar libremente son los que no cobran del poder, algo va muy mal.

Y si seguimos permitiéndolo, el verdadero subsidio no será económico, sino moral.

No hay comentarios:

Publicar un comentario