domingo, 14 de junio de 2026

No basta con aprobar una ley (la dignidad humana es el examen final)

Una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando, además de ser válida en su forma, puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse.”

León XIV, Congreso de los Diputados


Vivimos tiempos en los que con frecuencia confundimos legalidad con justicia.


Sin embargo, la historia está llena de normas que fueron perfectamente legales y, al mismo tiempo, profundamente injustas. También está llena de personas que tuvieron el valor de recordar que el derecho no puede separarse de la dignidad humana.


La reflexión de León XIV apunta precisamente a esa idea: una ley no debe medirse solo por el número de votos que la aprueban, ni por la habilidad técnica con la que está redactada. Su verdadera prueba consiste en algo mucho más exigente: preguntarse si respeta a la persona, si protege a los más vulnerables, si amplía la libertad o si, por el contrario, la reduce.


Las sociedades democráticas necesitan leyes. Pero necesitan también principios. Porque cuando la norma pierde de vista a la persona, corre el riesgo de convertirse en un simple mecanismo de poder.


Quizá por eso esta frase trasciende el ámbito político. También sirve para nuestra vida cotidiana. Las decisiones importantes no deberían evaluarse únicamente por si son posibles, legales o convenientes, sino por si pueden sostenerse ante el espejo de la conciencia sin avergonzarnos de ellas.


La dignidad humana sigue siendo el examen más difícil y, probablemente, el más importante.


¿Creéis que una ley es justa simplemente porque ha sido aprobada democráticamente, o debe superar además un juicio moral y ético?


No hay comentarios:

Publicar un comentario