El conflicto en Gaza está sacudiendo al mundo.
Las imágenes son devastadoras. Las cifras, insoportables. Y las posturas, cada vez más polarizadas.
Pero para muchos ciudadanos de a pie, una pregunta resuena por encima de todas:
¿Qué está pasando realmente?
Porque entre el ruido ideológico y la propaganda de todas las partes, hay una gran confusión sobre lo esencial.
🔥 Todo comenzó con un ataque terrorista
La escalada actual tiene un origen claro:
el ataque brutal de Hamas el 7 de octubre de 2023 contra civiles israelíes, con secuestros, violaciones, asesinatos indiscriminados y una violencia sin precedentes.
Un hecho calificado por la comunidad internacional como terrorismo, incluso por países que hoy critican a Israel.
A partir de ahí, Israel respondió con una operación militar a gran escala en Gaza.
🇵🇸 ¿Qué es Palestina y qué es Hamas?
Aquí empieza la confusión para muchos:
- Palestina es el nombre del pueblo y del territorio (ocupado o disputado, según se mire) que aspira a ser un Estado independiente.
- Hamas es una organización islamista, armada y considerada grupo terrorista por EE.UU., la UE y otros muchos países.
- Hamas controla Gaza desde 2007, tras expulsar por la fuerza a la Autoridad Nacional Palestina (moderada y reconocida internacionalmente).
Por tanto, no: no todo palestino es Hamas.
Y sí: muchos palestinos viven sometidos también al régimen autoritario y represivo de Hamas.
🩸 ¿Hay genocidio por parte de Israel?
Este término se está utilizando con fuerza en medios y redes.
Pero es necesario hacer una distinción jurídica y ética:
- El genocidio, según el derecho internacional, implica intención de exterminar deliberadamente a un grupo étnico o nacional.
- Las acciones de Israel pueden ser (y están siendo) duramente criticadas por desproporcionadas, indiscriminadas o incluso inhumanas.
- Pero jurídicamente, no hay consenso en la comunidad internacional para calificarlo como genocidio.
Eso sí: las víctimas civiles son reales, numerosas y dolorosas.
Y eso exige más que definiciones: exige soluciones.
🤷♂️ ¿Apoya el pueblo palestino a Hamas?
Esa es una de las preguntas más difíciles y menos respondidas:
- Hamas llegó al poder en Gaza por elecciones en 2006. Desde entonces no ha habido más comicios.
- Muchos palestinos no tienen alternativa real, ni voz ni voto.
- Otros han sido educados en el odio a Israel desde niños.
- Y una gran parte solo quiere sobrevivir entre dos fuegos: el del yihadismo interno y el del castigo externo.
🧨 ¿Y los países de alrededor?
El conflicto se ha expandido:
- Hezbolá en Líbano lanza ataques al norte de Israel.
- Milicias proiraníes actúan desde Siria, Yemen e Irak.
- Irán mueve fichas indirectamente.
- Y Occidente… mira, condena y titubea.
Israel, por su parte, se siente solo, rodeado, y con derecho a defenderse con dureza.
Pero esa dureza ha dejado miles de niños muertos, hospitales arrasados y una Gaza en ruinas.
🕯️ ¿Soluciones? Difíciles, pero no imposibles
No se puede resolver en un tuit ni en una pancarta. Pero sí se puede avanzar hacia algo mejor. Algunas claves:
- Reconocer el derecho de Israel a existir y a defenderse del terrorismo.
- Reconocer el derecho del pueblo palestino a tener un Estado digno, viable y en paz.
- Separar al pueblo palestino de Hamas y al islam de los yihadistas.
- Presionar a Israel para que frene la expansión de asentamientos y el castigo colectivo.
- Presionar a Hamas y similares para que desaparezcan del tablero.
Y sobre todo: dejar de ver este conflicto como un partido de fútbol con buenos y malos.
En Gaza, como en Israel, hay gente inocente enterrando a sus hijos. Y eso debería bastar para que el mundo actúe con menos ideología y más humanidad.



La noticia aún no ocupa portadas. No ha causado terremoto político. Ni siquiera ha provocado, ni provocará, dimisiones.
Cada vez más ciudadanos —sin ser racistas, sin votar a partidos extremos, sin vivir del odio— se hacen preguntas incómodas que los gobiernos y muchos medios evitan responder:
Donald Trump, en plena campaña y con tono electoralista, ha vuelto a hacerlo:
Vas de viaje, pagas el hotel, el transporte, comes fuera, compras entradas para monumentos o iglesias, y cuando crees que todo está cubierto… aparece un extra en la factura —o peor aún, fuera de ella: