
Cuando hoy se cumple un año del bochornoso espectáculo consentido de magia que protagonizó el prófugo de la justicia Carles Puigdemont, El secretario general de Junts per Catalunya, Jordi Turull, no solo ha conmemorado la fuga de Carles Puigdemont: lo ha hecho riéndose de los jueces del Tribunal Supremo.
“Se quedaron con un palmo de narices”, ha dicho con tono de victoria.
Pero detrás de esta mofa hay algo mucho más profundo y grave: la normalización de la impunidad como estrategia política.
🛑 De condenados a indultados: la impunidad como moneda de cambio
No olvidemos que Turull y otros líderes independentistas fueron condenados por el Tribunal Supremo por delitos de sedición y malversación.
Cumplían condena… hasta que Pedro Sánchez los indultó en un movimiento puramente político para asegurarse el apoyo parlamentario que le permite seguir en La Moncloa.
- No hubo arrepentimiento.
- No hubo garantías de no reincidencia.
- Sí hubo un claro mensaje: “La ley es negociable si me conviene políticamente”.
Este patrón de premiar a quien vulnera la ley a cambio de votos es propio de regímenes populistas de corte bolivariano, no de una democracia consolidada.
🎯 Adoctrinamiento y control social
Turull, Puigdemont y compañía se amparan en el discurso de la independencia para justificar cualquier atropello legal y ético.
Saben que tienen una base social sólida, en gran parte adoctrinada desde las aulas durante décadas gracias a un control total de la educación y los medios públicos en Cataluña.
El objetivo no es solo la independencia: es controlar un territorio y a su población mediante un relato único, sin fisuras ni disidencia interna.
💸 ¿Un país llamado Cataluña? La receta del fracaso
Quien idealice un hipotético “Estado catalán” gobernado por estos líderes debería mirar su historial:
- Malversación de fondos públicos para financiar su agenda política y personal.
- Clientelismo y nepotismo como norma.
- Prioridad absoluta al proyecto secesionista, ignorando sanidad, educación, infraestructuras y economía real.
El resultado sería una Cataluña sin prosperidad, con servicios públicos degradados y una economía hipotecada al sectarismo político.
🧩 Conclusión: la huida no es valentía, es cobardía con chófer
Cuando Turull se ríe de los jueces, no es humor: es un aviso.
Nos recuerda que la justicia en España ha sido utilizada como moneda de cambio y que hay líderes que viven mejor fuera de la ley que dentro de ella.
Y mientras tanto, quienes deberían garantizar el Estado de derecho prefieren mirar hacia otro lado si así mantienen el sillón.


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