domingo, 17 de agosto de 2025

🐿️ Cuentos del Bosque Encantado. Capítulo 4 – Don Perico y la caída del Gran Oso

El bosque había conocido tiempos de calma con Papá Oso, pero bajo la corteza de esa tranquilidad, las cosas no iban bien.

En su consejo se habían colado animalillos que, al principio discretos, empezaron a llevarse bellotas de la despensa, a aceptar comisiones en avellanas por mover troncos de un lado a otro, o a “perder” miel por el camino a la colmena.

El zorro “Periquito”, que ahora era un zorro adulto y muy astuto, observaba todo.

Ya no era el joven inexperto que conocimos en el Capítulo 2: ahora todos lo llamaban Don Perico.

Había aprendido a tejer alianzas y a elegir a los amigos correctos… o los más peligrosos.

Don Perico se fue ganando el favor de los animales más granujas del bosque: la serpiente de la charca, el mapache de las provisiones y la urraca que sabía abrir cualquier cofre de bellotas.

Entre todos, planearon un movimiento para derrocar al Gran Oso.

—Papá Oso está dormido, y el bosque necesita otra cosa —susurró Don Perico al consejo.

—¿Otra cosa… o tus cosas? —preguntó la liebre.

El zorro solo sonrió.

En pocos meses, rumores y quejas crecieron como zarzas.

Cuando Papá Oso quiso reaccionar, la red de Don Perico ya había ganado a la mayoría.

Con discursos ágiles y promesas para cada especie, el zorro consiguió lo que se proponía: sentarse en el tronco de mando del bosque.

Papá Oso, derrotado, volvió a su cueva, mientras Don Perico celebraba con sus nuevos aliados.

El cambio fue tan sonado que los animales compusieron una nueva canción ligera y pícara, que aún hoy se canta para recordar cómo un zorro paciente puede esperar su momento… y tomarlo.


🎵 La canción del Bosque – Don Perico

En el consejo sonaba un rumor,

bellotas que faltan, comisiones sin pudor.

El zorro miraba, callado y formal,

pero en su cabeza ya había un plan.

Con la serpiente, con el mapache,

y la urraca que abre cualquier estuche,

Don Perico tejía su red,

y al viejo Oso le quitó el poder.

Promesas rápidas, sonrisa veloz,

todos pensaban: “Este sí es feroz”.

Y así en el tronco, el zorro quedó,

mientras Papá Oso la cueva tomó.

Moraleja cantada:

A veces el tiempo es la mejor arma,

esperar, tejer, y dar la alarma.

Que el bosque recuerde que el más paciente

puede ser el cambio… o el presidente.

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