
En el mismo bosque donde Bambi sonreía y el gran oso se rascaba la barriga, vivía un joven zorro.
Aún era un zorrito, de pelaje lustroso y mirada vivaz, pero con más ambición que experiencia.
Soñaba con ser el líder del bosque algún día,
y para lograrlo había decidido aprender el arte de prometer.
El zorrito observaba a todos los animales:
los fuertes, los débiles, los astutos y… también los más granujas.
Con todos se aliaba si veía que podía sacar algún beneficio.
A Bambi, el actual representante, no le caía demasiado bien el zorrito.
—Tiene demasiada labia y poca cabeza —murmuraba a sus allegados—.
Hoy promete ayudar a la ardilla, mañana se junta con la serpiente, pasado con el mapache que roba comida.
Así no se puede dirigir un bosque.
Pero el zorrito no se detenía.
Visitaba la madriguera de la liebre y le prometía más hierba.
Al tejón le decía que conseguiría un tronco más grande para su guarida.
A la urraca, joyas brillantes.
A todos algo.
Y, curiosamente, nunca decía “no” a nadie.
Con el tiempo, las promesas del zorrito se hicieron tan numerosas que el bosque entero hablaba de ellas.
Algunos reían, otros le creían, y otros tantos solo se dejaban llevar por su entusiasmo.
Pronto, su fama creció tanto que, como pasó con Bambi, los animales pusieron la historia en canción,
para recordar que un líder no es el que más promete, sino el que más cumple.
🎵 La canción del Bosque – El Zorro de las promesas 🎵
En el bosque vivía un zorrito audaz,
con mil promesas, y un plan fugaz.
Quería el poder, quería mandar,
y a todos los bichos sabía engañar.
Si eras ardilla, te daba avellanas,
si eras urraca, joyas tempranas.
Si eras tejón, un tronco mejor,
y a la serpiente… un pacto mejor.
Bambi lo miraba con cierto recelo:
—No hay rumbo fijo, ni un buen anhelo.
Hoy con la liebre, mañana el mapache…
así no se lleva un bosque a buen cauce.
Pero el zorro, joven y astuto,
seguía corriendo con paso seguro.
Se aliaba con todos, sin distinción,
lo mismo el honrado que el bribón.
No basta prometer para gobernar,
cumplir lo pactado es lo que da lugar.
Que el líder que miente y busca atajos
deja al bosque lleno… pero de jaramagos.
Y así, entre sonrisas, promesas y alianzas imposibles,
el joven zorrito fue ganándose un apodo en cada rincón del bosque.
Algunos lo llamaban astuto, otros oportunista…
pero para la mayoría de los animales,
era simplemente “Periquito, el astuto zorrito”.


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