
Tras los años de Bambi, el bosque estaba exhausto.
Había troncos decorativos en lugares inútiles, charcas ornamentales sin agua y senderos que no llevaban a ninguna parte.
Las raciones se habían reducido, las pensiones en bellotas se habían congelado y, aunque muchos recordaban con alegría que bajo su mandato se permitió la unión de animales del mismo sexo, la despensa y las cuentas estaban en ruinas.
Fue entonces cuando apareció Papá Oso.
Grande, corpulento y de paso lento, prometía calma y “saneamiento” para el bosque.
—Yo pondré orden en todo esto —decía, con su voz grave y pausada.
Al principio, el bosque respiró aliviado.
Los derroches desaparecieron y la economía dejó de hundirse, pero pronto quedó claro que, más allá de evitar nuevos problemas, Papá Oso no traía muchas soluciones.
Sus discursos eran largos y solemnes, con muchas pausas…
pero cuando terminaba, los animales se miraban entre sí, preguntándose qué había querido decir.
—Creo que habló de hojas secas… ¿o era de almacenar miel? —susurraba la ardilla.
A pesar de todo, Papá Oso fue reelegido.
Después de Bambi, muchos animales pensaron que “mejor poco que nada”.
Con el tiempo, la historia de Papá Oso se convirtió en una canción lenta y pausada, con tantas pausas como palabras, para que el bosque recordara que la calma sin dirección no siempre es la solución.
🎵 La canción del Bosque – Papá Oso
Tras Bambi llegó, con paso pesado,
Papá Oso al mando, tranquilo y calmado.
Prometió cuentas claras, control y razón,
pero el bosque esperaba un poco más de acción.
Los troncos de adorno seguían allí,
las charcas vacías, los caminos sin fin.
La unión de parejas fue cosa de ayer,
logro de Bambi, que todos sabían bien.
Hablaba despacio, miraba al sol,
y todos pensaban: “Esto suena a rol…
pero ¿qué ha dicho? ¿qué va a pasar?
¿O solo quiere el tiempo gastar?”
Moraleja cantada:
Tras el derroche, la calma es un bien,
pero si no hay avance, poco sostiene.
Que el bosque necesita más que reposar,
precisa un rumbo para prosperar.

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