miércoles, 1 de abril de 2026

Domingo de Ramos | El pulso de la esperanza

Domingo de Ramos | El pulso de la esperanza


Hoy comienza todo.


Cristo entra en Jerusalén…

y lo hace como entran los latidos cuando vuelven tras el silencio:

firmes, humildes, necesarios.


En este altar doméstico,

donde el rojo anuncia lo que vendrá,

la escena parece tranquila…

pero quien sabe mirar, percibe ya el diagnóstico.


Porque el médico aprende pronto

que no toda aparente estabilidad es salud,

que hay pacientes que sonríen antes del colapso,

y que incluso en la entrada triunfal…

puede estar germinando la cruz.


Ese burro manso no es debilidad,

es la elección consciente de no imponer,

de no invadir… de acompañar.


Como hacemos cuando nos sentamos al borde de una cama,

cuando no curamos, pero sostenemos,

cuando no vencemos a la enfermedad,

pero sí al abandono.


Domingo de Ramos…

día de palmas y de vítores,

de una ciudad que aclama

sin saber que pronto cambiará el tono.


Y uno, que ha visto tantos giros bruscos en la evolución de un paciente,

no puede evitar reconocer en esta escena

la fragilidad de lo humano:

lo que hoy se eleva… mañana puede caer.


Pero también otra verdad más honda:


que toda historia que merece ser contada

comienza con esperanza.


Hoy no es el final.

Es el inicio del camino.


Y el corazón —como el de ese Cristo que avanza—

late sabiendo lo que viene…

y aun así, sigue.


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