miércoles, 8 de abril de 2026

Cuando nadie es responsable, todos lo somos… y nadie paga

Un tren descarrila.

Una vía rota desde la noche anterior.

Un sistema de señalización que no avisa.

Y un balance que ya no admite eufemismos: 45 muertos y más de 150 heridos. 


Porque en este país no fallan las personas: falla “el sistema”.

Ese ente difuso donde todo se diluye, donde las decisiones no tienen nombre ni apellidos, donde los errores graves acaban siendo simples “incidencias”.


Y mientras tanto:


  • Los que no revisaron… siguen.
  • Los que no alertaron… siguen.
  • Los que diseñaron sistemas que fallan… siguen.



45 vidas perdidas no son una estadística.

Más de 150 heridos no son un trámite asistencial.


Aquí no dimite nadie.

Aquí no responde nadie.

Aquí todo se investiga… hasta que se olvida.


La verdadera tragedia no es solo el accidente.

Es la impunidad estructural que lo permite.


Porque cuando un fallo grave no tiene consecuencias, deja de ser un fallo…

y pasa a ser parte del sistema.


Y entonces la pregunta ya no es qué ha pasado…

sino cuándo volverá a pasar.



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