Hoy todo calla.
La vida se encuentra con la muerte…
cara a cara, sin ruido, sin consuelo, sin escape.
El destino de todos queda expuesto en este instante detenido,
en este cuerpo inerte que ya no habla… pero lo dice todo.
El mundo parece detenerse ante el sepulcro.
La luz se recoge.
Las palabras sobran.
Y sin embargo… no es el final.
Porque incluso en este silencio denso,
en esta herida abierta que parece definitiva,
late una promesa que no se ve,
pero se intuye.
Viernes Santo.
Día de sombra, de ausencia, de verdad desnuda.
Día en que comprendemos que la muerte existe…
pero no manda.
Este altar no impone, no grita, no explica.
Solo invita a mirar…
y a permanecer.
Porque hay momentos en los que la fe
no consiste en entender…
sino en esperar.

Hoy el tiempo se detiene.
En este rincón del hogar, donde el silencio se hace oración,