El Ejecutivo ha dado luz verde a una nueva restricción: no se podrá fumar en las terrazas de bares ni en espacios públicos compartidos.
La medida se presenta como una defensa de la salud pública, pero abre un debate de fondo:
👉 ¿Hasta dónde llega la protección colectiva y dónde empieza el derecho individual a decidir?
El tabaco, sin duda, es dañino. Pero ya existen leyes que impiden fumar en interiores y en espacios cerrados, precisamente para proteger a quienes no quieren exponerse al humo ajeno. Ahora, la prohibición se extiende también a terrazas al aire libre, donde muchos consideran que el riesgo de exposición es mínimo.
⚖️ Lo que está en juego no es solo el consumo de tabaco, sino el derecho a la libre elección: fumar o no fumar en espacios abiertos, siempre que no afecte a los demás. ¿Debe el Estado imponer la prohibición total, incluso en contextos donde la convivencia ya estaba regulada?
España se encamina hacia un modelo cada vez más restrictivo, donde la voluntad individual queda relegada a un segundo plano frente al intervencionismo político. En Europa no hay parangón de tal restricción a los derechos de las personas.
La cuestión no es si fumar es bueno o malo —eso está claro—, sino si el Gobierno debe decidir cómo y dónde vivir cada elección personal.

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