Resulta desconcertante —y profundamente revelador— que en plena Vuelta Ciclista a España, los manifestantes propalestinos opten por interrumpir un evento deportivo con actos de violencia sin, al mismo tiempo, exigir la liberación de los rehenes israelíes que aún permanecen secuestrados por el grupo terrorista Hamás. Hombres, mujeres y niños que, según múltiples informes internacionales, siguen vivos bajo condiciones de tortura y humillación sistemática.
¿Dónde están las pancartas por ellos? ¿Dónde la compasión selectiva que denuncia el sufrimiento, pero solo cuando encaja con un marco ideológico prediseñado?
🧩 Hay algo profundamente contradictorio en reclamar “derechos humanos” y “paz”, mientras se glorifica o se justifica a organizaciones que practican el terrorismo y que, en la práctica, convierten a su propio pueblo en escudos humanos. El verdadero genocida del pueblo palestino es quien lo utiliza como rehén, como carne de cañón, como herramienta política.

📌 Pero la incongruencia no termina ahí. Tampoco se levantan voces en esas mismas manifestaciones contra el genocidio que Rusia está perpetrando en Ucrania, donde el exterminio sistemático de la identidad, la lengua, los niños deportados y las ciudades borradas del mapa son una realidad reconocida por las principales instituciones internacionales.
🔁 ¿Por qué esta ceguera selectiva? ¿Por qué una causa sí y otra no? ¿Por qué señalar solo cuando conviene? ¿Quién mueve realmente los hilos de estas marionetas de manifestantes?
El deporte debería unir, no ser rehén de narrativas unilaterales. Y si se va a protestar, que sea con coherencia moral y sin hipocresías. Porque cuando se elige quién merece nuestra solidaridad y quién no, lo que se está defendiendo no son los derechos humanos, sino una ideología envuelta en banderas.
¡Que se quiten las caretas y demuestren qué defienden realmente y sobre todo contra quien actúan!.

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